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Cómo estar seguros de que
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CUANDO la hija adulta de Marisa sufrió una grave lesión cerebral, esta madre hizo lo que hubiéramos hecho muchos: pidió ayuda a Dios.* “No recordaba haberme sentido nunca tan impotente y sola”, dice ella. Más tarde, el estado de su hija se agravó, y Marisa empezó a dudar de Dios. Se preguntaba: “¿Por qué ocurre esto?”. No comprendía cómo un Dios amoroso y comprensivo podía abandonarla. La experiencia de Marisa es bastante común. Muchísimas personas de todo el mundo se han sentido abandonadas por Dios en tiempos de necesidad. “Todavía sigo preguntándome por qué permite Dios que sucedan cosas malas Otras personas se resienten con Dios al observar el mundo que las rodea. Ven países azotados por la pobreza y el hambre, refugiados de guerra sin esperanza, un número incalculable de huérfanos cuyos padres han muerto de sida, y millones de personas aquejadas de diversas enfermedades. Cuando suceden tales tragedias y otras parecidas, muchos culpan a Dios por su aparente apatía. Sin embargo, la realidad es que Dios no es el culpable de los problemas que plagan a la humanidad. De hecho, hay razones de peso para creer que él pronto reparará el daño causado a la familia humana. Lo invitamos a leer el siguiente artículo para comprobar que Dios de veras se interesa por nosotros. * Los nombres se han cambiado. |
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Publicado en La Atalaya del 1 de julio de 2004 |