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La resurrección
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![]() Jehová usó a Eliseo para resucitar al hijo de una sunamita |
El profeta envió primero a su servidor, Guehazí, quien comprobó que el muchacho efectivamente había fallecido. Eliseo y la mujer llegaron a Sunem poco después. ¿Qué sucedió a continuación? El relato de 2 Reyes 4:32-37 dice: “Por fin Eliseo entró en la casa, y el muchacho estaba allí muerto, tendido sobre su lecho. Entonces él entró y cerró la puerta tras ellos dos y empezó a orar a Jehová. Por fin subió y se acostó sobre el niño, y puso su propia boca sobre la boca de él, y sus propios ojos sobre los ojos de él, y las palmas de sus propias manos sobre las palmas de las manos de él, y se quedó doblado sobre él, y la carne del niño se calentó gradualmente. Entonces Eliseo se puso a andar de nuevo en la casa, una vez hacia acá y una vez hacia allá, después de lo cual subió y se dobló sobre él. Y el muchacho se puso a estornudar hasta siete veces, después de lo cual el muchacho abrió los ojos. Ahora él llamó a Guehazí y dijo: ‘Llama a esta sunamita’. De modo que él la llamó, y ella entró a donde él. Entonces él dijo: ‘Alza a tu hijo’. Y ella procedió a entrar y caer a sus pies e inclinarse a tierra ante él, después de lo cual alzó a su hijo y salió”. Al igual que la viuda de Sarepta, la mujer de Sunem sabía que lo que había ocurrido era fruto del poder de Dios. Ambas mujeres sintieron el indescriptible gozo de ver cómo Dios devolvía la vida a sus queridos hijos. Resurrecciones durante el ministerio de JesúsUnos novecientos años después, tuvo lugar una resurrección a poca distancia al norte de Sunem, en las inmediaciones de la aldea de Naín. Cuando Jesucristo y sus discípulos se acercaban a la puerta de Naín, procedentes de Capernaum, se encontraron con una procesión fúnebre: una viuda acababa de perder a su único hijo. Jesús, al verla, le dijo que dejara de llorar. El médico Lucas describe lo que ocurrió a continuación: “En seguida [Jesús] se acercó y tocó el féretro, y los que lo llevaban se detuvieron, y él dijo: ‘Joven, yo te digo: ¡Levántate!’. Y el muerto se incorporó y comenzó a hablar, y él lo dio a su madre” (Lucas 7:14, 15). Los testigos del milagro dieron gloria a Dios, y la noticia llegó hasta Judea, al sur, y se esparció por toda aquella comarca. Los discípulos de Juan el Bautista oyeron de aquel suceso y fueron a contárselo a Juan. Él, a su vez, les pidió que buscaran a Jesús y le preguntaran si era el Mesías esperado. Jesús les dijo: “Vayan, informen a Juan lo que vieron y oyeron: los ciegos reciben la vista, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos son levantados, a los pobres se anuncian las buenas nuevas” (Lucas 7:22). Jesús resucitó al hijo de una viuda de Naín
La más conocida de las resurrecciones que llevó a cabo Jesús fue la de un amigo íntimo suyo llamado Lázaro. En esta ocasión, pasó algo de tiempo entre la muerte de Lázaro y el momento en que Jesús se presentó en la casa de la familia en Betania. Para cuando Jesús llegó, hacía cuatro días que Lázaro había muerto. Ante la petición de Jesús de que quitaran la piedra que tapaba la entrada a la cámara funeraria, Marta expresó sus reparos, diciendo: “Señor, ya debe oler mal, porque hace cuatro días” (Juan 11:39). Con todo, cualquier posible deterioro en el cuerpo de Lázaro no fue ningún impedimento para su resurrección. A una orden de Jesús, “el hombre que había estado muerto salió con los pies y las manos atados con envolturas, y su semblante estaba envuelto en un paño”. Las subsiguientes acciones de los enemigos de Jesús demuestran que Lázaro realmente volvió a la vida (Juan 11:43, 44; 12:1, 9-11). ¿A qué conclusión nos llevan los relatos de estas cuatro resurrecciones? Cada resucitado volvió a la vida siendo la misma persona. Todos pudieron ser reconocidos, incluso por sus parientes más cercanos. Ninguno de los resucitados habló de lo que había ocurrido durante el breve tiempo que estuvieron muertos. Ninguno dijo nada de haberse ido a otro mundo. Al parecer, todos regresaron con buena salud. Para ellos, la experiencia fue como si se hubieran dormido un rato y luego hubieran despertado, tal como Jesús había dado a entender (Juan 11:11). No obstante, transcurrido cierto tiempo, todos volvieron a morir. El reencuentro con los seres queridos: una esperanza maravillosaPoco tiempo después de la trágica muerte de Owen, mencionada en el artículo anterior, su padre fue a la casa de un vecino, donde vio encima de la mesa una invitación para asistir a una conferencia pública organizada por los testigos de Jehová. Le llamó la atención el título: “¿Dónde están los muertos?”. Eso era precisamente lo que él se preguntaba. De modo que asistió a la conferencia, en la que encontró verdadero consuelo procedente de la Biblia. Aprendió que los muertos ni sienten ni padecen. En vez de ser atormentados en un infierno o de que Dios se los lleve al cielo para ser ángeles, los muertos, como es el caso de Owen, esperan en el sepulcro hasta que llegue el momento de despertar en la resurrección (Eclesiastés 9:5, 10; Ezequiel 18:4). La resurrección volverá a unir a los seres queridos
* Véase el libro El hombre en busca de Dios, págs. 150-154, editado por los testigos de Jehová. |
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Publicado en La Atalaya del 1 de mayo de 2005 |